martes, 19 de febrero de 2008
Desde la red sanducera
Rubens: comparto con Rosencof lo que dice del libro de Estefanell ya que me paso lo mismo, pero no puedo comparar las palabras del escritor que fue su colega al pasar los mismos años de experiencias trágicas en los cuarteles...
Como amigo del Inolvidable Carlos (su tío), con el cual compartimos las pensiones en Montevideo, pensé todo el tiempo en esa familia que a dado dos escritores de gran calidad (leí tambien su tratado sobre el Quijote: “Don Quijote a la Cancha”).
Asi que me pasás los saludos a Marcelo, otro sanducero que tiene gran calidad en describir los difíciles años que dio unas cuantas víctimas de la Heroica
Gracias nuevamente con el tema de nuestra escuela que sigo con mucho interés
Un gran abrazo.
Dr. Jaime Sznajder
lunes, 3 de diciembre de 2007
Desde Portugal
Mais uma vez me proporcionaste momentos de agradável leitura.A tua escrita clara, inteligente e o teu inegualável sentido de humor prendem qualquer "desocupado leitor" da primeira à última página.A mim prendeu.
Demorei mais tempo do que previa ( está descansado que ninguém passou fome aqui), porque o teu livro avivou na minha memória muito do que se passou e muito do que vivi, antes e depois da Revolução de 25 de Abril de 1974, em Portugal.Ouvi e li muitos testemunhos da vida na prisão, das torturas, das mortes...mas nenhum como o teu. Admirável! Como o consegues, não sei. Talvez por seres uma pessoa muito especial, com uma força interior e uma integridade que admiro e respeito.
Um beijo grande.
Céu
lunes, 12 de noviembre de 2007
Gracias
quiero agradecerle por varias cosas: por haber escrito un libro de prosa tan lograda, de contenido tan sincero y de inexistentes goles bajos, al negarse —voluntariamente— al regodeo del dolor.
Por el adiós sentido a cada uno de los que ya no están y por llevarlos puestos en el alma desde donde estén.
Por compartir algo tan propio, tan personal y, sin embargo, magníficamente transferible, porque al llorar como lloré cuando terminé de leerlo, atrevidamente me apropié de un pedazo de la historia con minúscula, de cada uno de de esos hombres y mujeres.
Por la dignidad, por el coraje, por el discurso en el Supremo Tribunal Militar, por las palomas, por la capacidad de comprender.
Y, sobre todo, porque de alguna manera, la lucha de ustedes, lo que creen en un mundo mejor, siempre es para legárnoslo a los que venimos atrás.
Por todo eso, gracias Marcelo Estefanell
Simone
Un regalo para mi hija
Si me animo a escribirte es porque luego de haber asistido a la charla presentando tu libro —invitada por Claudia Amengual, profesora de un taller que integro—, lo leí el sábado pasado cuando mi marido me “cedió la posta” al terminarlo adelantándome que me iba a gustar mucho.
Luego envié a Claudia un correo con los comentarios. Como fuimos varios del taller que lo leímos y que le hicimos comentarios elogiosos en clase, nos dió tu dirección de tu correo argumentando que te gustaría recibirlos.
No es el primer libro que he leído sobre este tema. Recuerdo perfectamente el primero: “Las manos en el fuego”, de Ernesto González Bermejo, en el verano de 1986; todavía lo guardo. Incluso, uno que nos regaló Mauricio (familiar de amigos nuestros, y cliente del estudio de mi esposo): “Las cartas que no llegaron”, no trata de esto pero dedica también, si mal no recuerdo, una parte a este tiempo del que nunca habla en reuniones, más bien lo evita. En una actitud, por lo que pude percibir en tu charla, muy diferente de la tuya, por mi parte, creo, más natural y hasta sana, me atrevería a decir.
En cuanto al libro me asombró, por un lado, el enfoque, la apertura del relato liso y llano, como el de un triste y largo tiempo de vida así vidido pero no perdido, sino siempre buscando dentro de las limitadas posibilidades, de ganarlo al enemigo, con una firme y útil forma de resistencia.
No soy psicóloga ni psiquiatra pero de “la mirada neutra” y alguna otra actitud asumida de abstracción ante la agresión y adversidad, me recordó lo que una vez me dijo una psiquiatra y me dí cuenta con el tiempo que era realmente cierto: “la ignorancia y la indiferencia son la peor forma de destrato de un ser humano hacia otro”. En cierta medida, con esas actitudes tu y tal vez otros supieron destratarlos mucho más hábilmente de esa forma, que entrando en otras, inútilmente rebeldes. Claro, era cuestión de diferente medida, de nivel intelectual, y eso también queda demostrado en tu libro: puede volverse un arma, una buena forma de defensa.
Otra cosa, pienso que como a todo el mundo la capacidad que paulatinamente desarrollaron —por lo menos en tu caso (ojalá hayan sido varios)— de adaptarse a las circunstancias y encontrar, incluso, si cabe la palabra, formas de disfrutar lo que podían, creo que maximizándolo y haciendo lo inverso con la suma de maltratos y brutalidades recibidas a diario como moneda corriente de parte de todo el personal al que estaban sometidos, resulta asombrosa.
El alegato recurriendo a Horacio Quiroga como base a la hora de declarar, me parece, fue una gran batalla ganada dentro de tanta injusticia, debe de haber tenido un enorme valor para tí, como el de haber aprobado el exámen conociendo un tema mejor que el profesor que lo está tomando y, además, queda en evidencia.
Y por otro lado la forma de abordar los momentos amargos sin negaciones, sin evaciones, manejándolos como duelos que no dan lugar a otra cosa que un espacio de asumirlos reconociendo lo sufrido, y hasta el recurso del lápiz y el papel es otra natural, humana y sana forma de sobrellevarlos y transitarlos, cuando la situación ya no permite otra alternativa. Como si te lo hubiera aconsejado un psicólogo (no de los de Libertad, claro): “Poner los sentimientos en palabras —ya sean dichas o escritas— hace que el dolor se vuelva más llevadero”. Vi morir a mi padre, estuve junto a él toda su última mañana y, sin que nadie me hubiera explicado esto, tuve la necesidad de escribirle inmediatamente después de su muerte mis sentimientos y muchas cosas que recordé de su presencia en la familia, y guardar una carta que sabía nunca leería y, sin embargo, tenerla es como uno de los recuerdos que más guardo de papá; entonces me acordé de esto también al llegar a este momento de tu libro.
Y la alegría rotunda que transmite el final, llegado el momento de la liberación, deja una sentimiento de alivio y de que, así como lo sufrido, soportado y resistido va cargado en la mochila, valió la pena; para que así pudiéramos disfrutar tanto los que pudieron llegaran a ese momento como nosotros al de saberlos liberados. También la lectura completa a esa altura cobra una especial dimensión cuando a través de tu forma de relatarlo se recuerda y reviven esas instancias.
Por último, me deja una sensación de actitud desprendida de rencor o resentimiento, pero sí de especial interés, pasado el tiempo y con la posibilidad de ver las cosas con la calma o madurez —o perspectiva— aún más reflexiva, que eso permite querer dedicar un libro y el tiempo de escribirlo para que todo lo pasado en ese período no se pierda, al contrario, y tu granito de arena para que ello no ocurra quede expuesto cuando la memoria aún te permite (como dijiste) hacerlo sin omisiones.
Me gratificó haberlo leído, me llegó como préstamo pero ya lo he comprarlo con el propósito de motivar nuestra hija —que no vivió esos años— a que se aproxime y pueda entenderlos desde un punto de vista que me parece, además, capaz de interesar a una adolescente sobre lo ocurrido más que como los fríos datos históricos. Que aunque nos parezca mentira,para ellos lo son.
Estas cosas he pensado después de leerlo, y teniendo gracias a Claudia tu mail no quiero dejar de hacértelos llegar.
Un abrazo
Renée Domínguez Serres
viernes, 19 de octubre de 2007
De Claudia Amengual
para seguir adelante; amor por la vida, se le llama, con todo lo hermoso y triste que tiene. ¿O será pasión?
Claro que me emocionó el final, cómo no iba a tocarme, pero ¿me creerás si te digo que se me apretó el alma cuando aquellos bestias rompieron a garrotazos el nido con los pichones? Andá a saber por qué entre tanto horror me emocionaste
con eso. Quizá porque de esas cosas chiquitas está hecho también el aguante. Y quizá no fue sólo por vos y por las palomas, sino por los tipos que se perdían la belleza de ese momento, que no entendían nada. Por todos, Marcelo, creo que
me puse triste por todos. Porque esas goriladas siguen pasando,lamentablemente, con cada falta de sensibilidad, con cada atropello a los derechos; todavía hay mucho por hacer.
Ni te digo cuando hablabas de los libros, y de los textos propios que te robaron. Sin embargo, nunca lo que uno escribe es palabra perdida. Al menos, sirve para aflojar la mano y adelantar en el oficio. Pero, de todos modos, ¡qué
ultraje! Dejame contarte que no he podido entrarle a Joyce y que "Las palmeras salvajes" me superaron. Seguro que no estoy pronta, todavía. Ya me ha pasado con otros textos. "Rayuela", por ejemplo, que alguna vez cerré con mal humor y
ahora es mi libro adorado. A mí también me salvan la escritura y la lectura; sin duda que me salvan.
Nada más, Marcelo. Me alegro tanto de haberte leído, y de conocerte. Gracias por todo; también por haber querido un país mejor (que también era para mí y para mis hijas) y haber pagado con años de tu vida por eso. Gracias, porque, en el error o en el acierto, no te quedaste en la retórica y le pusiste el cuerpo a las ideas. Yo no sé si sería capaz de tanto, de verdad no lo sé. Aunque supongo que sí, que si hubiera tenido edad suficiente en aquel momento, habría resistido de algún modo. No entiendo la vida sin libertad. Y la honestidad, me refiero a la honestidad de vivir de acuerdo con las propias ideas, es el valor
que más aprecio, y de eso hago cuestión, aunque a veces (salvando las distancias) también me salga caro. Gracias por todo.
Beso.
Claudia
miércoles, 17 de octubre de 2007
Desde Suecia
Me alegra muchísimo que tengas un merecido reconocimiento. Y como uno es, además, camisetero viejo y pa´pior sanducero, se queda todo orgulloso!
A mí me conmovió mucho el libro y me trajo una montaña de recuerdos de todo tipo. Inger lo ha leído y le gustó mucho. Me preguntó por varias palabras
que leía por primera vez.
Estamos bien. Sigo trabajando con el proyecto.
Un abrazo enorme a ti y a tu compa!
Henry & Inger
Desde Italia
Que alegría saber de tu libro y poder escuchar la entrevista que te hizo Gustavo en Océano. Realmente para la gente de mi generación (ya estoy llegando a los 30 aunque no lo crea! jaja) es muy importante todo lo que Uds. nos pueden enseñar y contar sobre lo que pasó en nuestro país, y más si son vivencias del tipo de las que contas en tu libro. En lo personal se me puso la piel de gallina cuando lo del "Negro", la guitarra, el "la" y su muerte... y bue, lo del termo y mate cuando terminó todo... sin palabras!!!!!. Admiro tu capacidad de no odiar... realmente la admiro, a mi me llena de indignación cada historia que contas...!!! Pero ojo, me mate de la risa con ese error del "novio equivocado"... jajaja... brillante!!!!!!
Un abrazo
Damiano
Presentacion en la Feria Internacional del Libro
El acto de la explanada de la intendencia fue muy hermoso. Naturalmente todo lo dicho tocó fibras emocionales muy fuertes. Tú, leyendo esa suerte de homenaje a los grandes escritores que tanto supieron acompañarnos y contando intimidades de tiempos viejos y nuevos.
El Bicho, mostrando facetas que desconocía, simplemente, porque tuve la suerte de no conocer el segundo piso.
A Rosemberg lo conocía de la televisión, cuando junto a otros jóvenes crearon, en canal 10, “Cerrá y Vamos”, estupendo programa deportivo juvenil, que vaya a uno a saber qué intereses tocó, que hace años lo borraron.
Justamente, quiero detenerme en sus comentarios, porque tienen la virtud de poner sobre el tapete, la visión de un joven sobre nosotros, sobre la cana, sobre ciertos valores, que comúnmente no veo expresado y sobre todo porque resultó gratificante.
Pero gratificante a un nivel distinto.
No se trata aquí de la admiración, por la forma o más simplemente el hecho de haber bancado.
En puridad, tú y yo sabemos que no quedaba otra, así que no es mucho mérito salvar una circunstancia, más allá del tiempo que duró la misma.
Se trata, creo, lo de Joel, del reconocimiento de una buen administración de la desgracia. Eso que es difícil y que todos los presos fuimos aprendiendo en su momento. Dar vuelta la pisada, utilizar algo que era jodido en sí mismo (la pérdida de la libertad) para desde allí, crecer, aprender, vivir , vivir hermano.
Por eso resulta risueña la “envidia” que Joel reconoce, dentro de la gran paradoja. Y sí, también se extraña.
Porque claro, afuera, en la lleca, en la vida de todos de todos los días, las más de las veces el tiempo prepotea y no te da alce o no sabemos como hacernos un huequito; huequito para leer y comprender, para que tus manos también se expresen en una manualidad necesaria y compleja; huequito para oír y estar atentos a las necesidades del medio e intentar solventar lo que se venga a como dé lugar.
Entonces era bueno decir lo que el Bicho reconoce: se puede , por supuesto, recordar con alegría, circunstancias que pudimos vivirlas con dignidad, pero también, agrego yo, con ideas y sensibilidad, que explican de algún modo la dignidad.
Hubieron circunstancias que favorecieron el resultado: los más éramos jóvenes; compartíamos objetivos; teníamos ideas claras, al menos, en los grandes temas; éramos hijos de una sociedad, todavía solidaria y dábamos amor a bochas, amor para regalar, para regalarnos, el que recibíamos de arafue y el que se generaba adentro y sostenía entre rejas.
¡Cómo no recordar con alegría ese pasado! Si hasta alguno se puso a escribir y sacó un boniato bárbaro, numerado y todo.
Salud Marcelo y gracias.
HUgo
P.D. Ah, me olvidaba, para el próximo libro conseguí una carpa más grande.
Un canto a la vida
Estuve varios días escribiéndote en mi cabeza y nunca llegué a concretar ninguno de eso correos.
Como todo, pasó, me reacomodé y seguí.
Ahora tu correo me avisa que puedo tener revancha de escribirte y hasta por ahí ir a darte un abrazo el sábado .
En principio cumplo con la primera: te escribo. Me sentí absolutamente comprendida en tu libro, reflejás lo que yo siento cuando recuerdo esa etapa de mi vida niña y adolescente del otro lado de las rejas. Un canto a la vida .
Gracias
Te quiero
Besos
Graciela
lunes, 10 de septiembre de 2007
Anna E
Hola Marcelo!
Soy la prima (4ª? 5ª? 6ª?) Anna y creo que soy la última de la familia Estafanell catalana que ha leído el libro y me ha encantado... Y te digo de la familia porqué mi pareja va a ser el siguiente y tengo una amiga que ya se ha puesto en cola para leerlo... Te contaré que yo soy muy lenta en leer libros y el tuyo lo he leido en una semana... Me he enganchado desde las primeras páginas y te contaré que entre consultas del ambulatorio (ahora que aquí es verano la gente viene menos), iba leiendo un poquito más y me alegraba cuando no se presentaban a la cita concertada, tenía más rato para leer... También te contaré que me has hecho reir a carcajadas algunas veces, a reir en corto como decís vosotros muchísimas, que alguna lágrima se me ha derramado por las mejíllas otras y que se me han puesto los pelos de punta muchísimas otras...
Puede que fuera por tus vivencias y tu forma de contarlas, o puede porqué llevemos alguna proporción de sangre-cromosomas-ADN igual corriendo por las venas. Y eso me enorgullece. Te cuento esto porque gracias a tus ganas de conocer a parte de la familia que tenías en Catalunya i parte por el empeño y la ilusión que siempre ha tenido mi padre de hacer el árbol geneológico de los Esta/efanell, hemos podido conoceros y nos ha llegado a las manos este relato que seguramente no hubieramos disfrutado nunca.
Por último y como dices en una de tantas páginas emotivas de tu libro, tengo "la certeza que llegará el día de volver a abrazar a los míos, a los Esta/efanell reales...".
Muchos besos y recuerdos a los tuyos/nuestros...
Anna E
Laura
Marcelo, ¿cómo estás? (…) Tu libro me gustó muchísimo, de hecho le fui leyendo partes a mi esposo... Especialmente, como te decía, la carta en ocasión de la muerte de tu padre, y también la parte donde contabas cómo ibas domesticando a las palomas...
Me conmovió mucho la austeridad del relato, cómo eludís el sentimentalismo, aunque los temas que tratás bien podrían llevarte a caer en él. Me hizo acordar a algunos pasajes de "Las cartas que no llegaron" de Rosencof, donde las cosas se dicen de forma simple, directa, y sin embargo dotada de un valor poético muy fuerte.
Bueno, no te voy a atomizar con mis comentarios, pero quería decirte eso y, nuevamente, muchas gracias.
Un beso.
Palito
Marcelo.
Terminé tu libro ¡¡Qué hijo de puta!!! ¡¡¡Cómo me hiciste llorar!!!
Ahora entiendo más a Ana Inés.
Tuve un poco de miedo al principio y lo dejé descansar. Después, cuando me sentí más fuerte, lo agarré y lo terminé en dos sentadas.
También constato un hecho: son canas distintas. Me pasó cuando leí "Las manos en el fuego". Parece mentira que viviendo a tan pocos metros, tengamos vivencias tan diferentes. Pero es así. Y no sólo por la cana interior, que cada uno puede llevar a su manera. Las condiciones externas impuestas, hacían que existieran, cuando menos, penales distintos como pisos o regímenes. Una cosa sería el
(…) Pero también la vida social, el intercambio con los demás, los recreos, los cines, la vida política en fin, Todo tu libro es una maravilla y además, como si fuera poco, muy bien escrito, en mi opinión.
Bueno, te dejo por acá, pues tengo que trabajar, y gracias por todo Marcelo.
Un abrazo
Palito
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Querido primo,
Joana
Hola Marcelo,
Te agradezco de corazón que lo hayas escrito pues a cada página que pasaba tenia la sensación que te conocía un poco más, pero no sólo a ti sino también a los tuyos (o debería decir nuestros?). Tener noticias de primera mano de una familia que no conocí es una sensación muy hermosa que hasta ahora desconocía.
Admiro el valor que tuviste y te felicito por él, pues me cuesta tanto imaginarme en una situación tan difícil como la que viviste que me es imposible saber qué hubiera hecho yo. Me alegro mucho de que, aunque en una pequeñísima porción, llevemos la misma sangre.
Muchos recuerdos a la família y un abrazo enorme,
Laura Canoura
Marcelo: me dio tu mail mi hermana Cris. Quería agradecerte la compañía, primero que nada. Hace ya unas cuantas semanas, uno de los domingos de familia en casa de mis viejos, les comenté que me estaba quedando sin nada para leer(en esta familia se comparten los libros con mucho esmero), y qué tenían para llevarme. Mi papá me recomendó calurosamente uno con título inteligente, tapa sugerente y autor conocido. A los pocos días, los veteranos se nos enfermaron mal…Mi papá internado con bronco espasmo y la vieja en lo de Cris, en cama con bronquitis aguda. Somos tres hermanas así que nos turnábamos de acuerdo a los horarios de cada una en no dejarlos solos ni un minuto.
Por eso tu libro se convirtió en la mejor de las compañías esos días de Sanatorio con el viejo respirando con mucha dificultad. Me hiciste viajar a una época que nos cuesta recordar y me hiciste conocer de cerca una parte que me faltaba. Aprendí un montón leyéndolo y entendí otro montón. Así que no es poco para un libro escrito, me imagino, desde el alma.
Te mando entonces un abrazo agradecido.
Laura Canoura
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Querida Cristina,
Gracias. Recien termine de leer el libro. Me parecio bellisimo. Creo que en dos ocasiones llore a moco tendido. Me maravilla la calidad humana de este tipo que a pesar del esfuerzo de deshumanizacion del regimen, puede elevarse por encima de todo, y desarrollarse mas como ser humano. Y más aun teniendo en cuenta que era un muchachito de 21 años.
Disfrute mucho con las palomas. Parece un dialogo boludo, pero no lo es. Si no hubiera estado preso, habria leido todos esos autores?
El saludo final a los autores, al principio me parecio como vanidoso, pero no, me di cuenta de que es muy genuino. Esos fueron sus compañeros, las experiencias de las otras vidas, de las vidas que pudo aprender, sufrir, gozar, reflexionar, etc.
Otra vez gracias.
Carlos
Marcelito:
te leí en tres horas. Fue un viaje corto e intenso al pasado. Por momentos me conmovió. Sobre el final, cuanto más personal se vuelve el libro, más me gustó.
De puro preso maniático, los nombres inventados me molestan. Algunos pude adivinar (El Negro Aurelio), pero en otros me queda la duda: ¿sería Macario o quién? ¿Y el de la radio no puede ser otro que el hombre de los 400 golpes? ¿Pero por qué no lo pone?
Gracias por escribirlo.
Te mando un abrazo grande, Carlos.
Andre
Querido Marcelo, terminé de leer tu libro. Cuando supe el tema del que se trataba debo confesarte que no me daba mucha ilusión leerlo.
No porque no me interesara esa parte de nuestra historia, o porque no haya tenido familiares o amigos afectados más directamente, tampoco porque no me interesa tu historia o las historias que pensé encontraría en el libro; sino porque reconozco que soy una persona que le escapa a lo triste (real o no), a la violencia, a todo lo relacionado con la muerte, con situaciones límites, etc, etc. Un poco será por egoísmo, por inmadurez, no lo sé bien.... Como mucho no me conocés no me doy mucha maña para contarte esto... no veo películas de violencia, de terror, de gente que sufre, no sé.... me cuesta mucho cuando voy por la calle mirar la carita de esos niños que están pidiendo o que están tirados con sus madres en las veredas..
Bueno, todo esto viene para explicarte el por qué no me daban ganas de leer el libro, quizás para no sufrir....
Es medio raro, pero es así, soy así....
Pero mamá, que me conoce bien, me dijo: leelo!!! vale la pena!!!!
Además no cuenta nada de si lo toturaban o no, de situaciones violentas, extremas, de eso... nada....Y bueno, lo empecé, lo seguí dia a día y lo terminé.
Decirte: me encantó!!! suena un poco feo, porque es horrible que a uno le haya "encantado" esos años de tu vida... o la de tus compañeros... Pero creo que sabrás entender cuando te dicen cosas positivas del libro, no?
Cada página que leía pensaba: cómo después de pasar todo esto "sobrevivió"? No tanto físico sino emocionalmente.... porque tantas veces conocemos historias de vida o situaciones que enloquecn, que deprimen, que entristecen el alma... y vos?? cómo hiciste? (sé que muchos de tus compañeros no pudieron "sobrevivir") También me preguntaba, este hombre no se debe pelear nunca con la esposa... con los hijos.... nunca nada lo debe poner de mal hunor... triste.... su vida debe ser una "fiesta" cada día, cero stress, cero rutina, porque después de todo lo que pasaste cada momento que te reconcés vivo debe ser mágico, no?Es como estar en una sintonía diferente a la de los demás Te diría varias cosas: LO SIENTO, GRACIAS, FELICITACIONES....
Y quizás, aunque parezca loco, un poco de envidia, por tener esa capacidad de LIBERACION y ESE AMOR A
Con mucho cariño
Andre
Miguel
Don Marcelo,
Leí tu libro de un tirón. Está muy bueno. Rescato en particular que no tenga un tono llorón, ese que está tan de moda hoy día y que se emparenta con el autoflagelamiento. El sábado 2 de junio debuto como columnista de El Observador. Escribiré cada 15 días, porque tengo poco tiempo y no me da para mucho más. Hablaré de amor, de literatura, de música y de niños. Trataré de evadirme de la política, pues me aburre. No descarto que alguna columna refiera a tu libro. Un abrazo y saludos a tu esposa,
Miguel
Graciela Tobías
Marcelo, acabo de finalizar tu libro. Desde que lo publicaste tenía muchas ganas de leerlo y Andrea por suerte pudo conseguirlo para el día de la madre.
Me gustó mucho y te diría que compartí momentos muy tiernos dentro de "ese lugar".
Gracias por haber escrito y mostrado esos "detalles" en forma tan clara y entrañable.
Con mucho cariño
Graciela Tobías.