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jueves, 7 de febrero de 2008

Reseña de Carlos Reyes

Los Claros y los oscuros de la vida entre rejas

"El hombre numerado", de Marcelo Estefanell

(El País - Uruguay - 21/04/2007 05:00:19)

A primera vista, el humor y la vida carcelaria parecen incompatibles. No obstante, Marcelo Estefanell (Paysandú, 1950) logra conjugarlos para contar en primera persona los avatares de su vida en prisión desde 1972 a 1985.

Narrado en un tono nada solemne, el libro se compone de relatos independientes, que en un estilo ágil y sin vueltas recorren todos los momentos, desde los más terribles hasta los otros, vinculados a veces a hechos pequeños pero significativos, como la autorización a tomar mate, "la primera buena noticia que recibí" en prisión, como él recuerda.

Otras veces el autor cuenta anécdotas insólitas, cita versos profundos, escribe muy breves párrafos sueltos o medita sobre la soledad y la necesidad de afectos, dando a sus escritos un tono más meditativo que invita a la reflexión. Porque más allá de la vida entre rejas, la publicación expresa unas enormes ganas de vivir y un hondo sentido de la existencia.

El escritor, que luego de más de una década en prisión retomó sus estudios universitarios, especializándose en redes informáticas y comunicaciones, ocupó también sus largas horas de reclusión en la lectura de unos 1600 títulos, entre ellos El Quijote, del que llegó a convertirse en un erudito. Fue producto de esa pasión cervantina que concretó sus primeros libros, Don Quijote en la cancha (2003) y El retorno de Don Quijote, obra premiada con el Bartolomé Hidalgo en 2005.

En ellos dejaba volar su imaginación para entablar un diálogo mano a mano con Cervantes y su mayor creación, en una amena conjunción de diversión y humanismo. Con El hombre numerado Estefanell se ubica en una dirección diferente, aunque conservando su buena prosa, su sentido del humor y sus ganas de pensar junto al lector. También recupera en este nuevo libro el valor de cada ser humano en su individualidad, algo que está presente en el Quijote y en las obras que Estefanell le dedicó a él

viernes, 9 de noviembre de 2007

Publicado en la revista Dossier, Nº 5

Libre y fuerte como paloma intrépida


Marcelo Estefanell (Paysandú, 1950) estuvo preso 13 años en el Penal de Libertad por motivos políticos. El hombre numerado, su tercer libro es uno de los ‘resultados’ de su reclusión. Organizado como una suma de textos diversos unidos por esa circunstancia —la cárcel—, el lector se encuentra con el alma libre de un hombre que ha estado preso y retrata, con certeza, reclusos y vigilantes.
La sencillez, la calidez humana, la falta de prejuicios y el humor están allí tanto como la ausencia de dramatismo. Ya desde la primera página el autor alerta que no ha escrito nada sobre su detención, ni sobre cuarteles, ni sobre torturas, ni sobre centros donde estuvo detenido, sino que tan sólo escribió lo que vivió y sufrió “en carne propia” mientras estuvo preso. ¿Cuál es la paradoja entonces? Para descubrirla, es necesario leer sus narraciones. Como adelanto vayan estas consideraciones: con leve ironía por momentos, con infinita humanidad en otros, con una enorme capacidad para apreciar la ‘otredad’, donde quiera que ésta emerja o se manifieste, y siempre con una aurelola de sabiduría que recuerda a Victor Frankl, el autor de El hombre en busca de sentido, libro que recrea la vida de éste en un campo de concentración y el espirítu de los que lograban sobrevivir, Estefanell escribe para la memoria tanto como para la apertura de la mente y del corazón. Y por supuesto para el disfrute.
Desde 1991 es editor gráfico, administrador de redes y jefe de sistemas del semanario Búsqueda. Es también autor de Don Quijte a la cancha (2003) y El retorno de don Quijote, Caballero de los Galgos (2005, premio Bartolomé Hidalgo).
Dicen que mientras estuvo preso, además de calentar agua con un sun para el mate de todos los reclusos, aprender música y domesticar palomas, leyó 1.600 libros. Debe ser verdad.

Melisa Machado

lunes, 10 de septiembre de 2007

Gerardo Tagliaferro, Diario Crónicas Económicas, sección "las 40" (28/05/07)

Aramís, 246, Marcelo
Acto 1. Su nombre es Aramís. Entró en la organización a los dieciocho años y pronto su valor y destreza en la acción lo llevaron a puestos de responsabilidad. Con poco más de veinte años se ha tiroteado con la policía, ha visto morir compañeros y ha participado en atentados, como el que costó la vida a Armando Acosta y Lara. Aramís es uno de los pesados del Movimiento de Liberación Nacional, que pretende tomar el poder por las armas en Uruguay.
Acto 2. En el segundo piso del Penal de Libertad se agrupan los presos más peligrosos, a juicio de sus captores: los responsables de delitos de sangre. El número 246 se fuga permanentemente a través de la lectura y cuando vuelve provee de agua caliente a todo el celdario, porque es el poseedor del único enchufe del piso. Todos sus compañeros lo respetan y valoran, sobre todo después de su discurso frente al Supremo Tribunal Militar, una especie de mojada de oreja al enemigo en su propio territorio. Una pequeña victoria en medio de la inapelable derrota.
Acto 3. Marcelo Mario Nicolás Estefanell Galbiati -56 años, casado, dos hijos heredados - es el responsable de los sistemas informáticos del semanario Búsqueda. Ha publicado tres libros, Don Quijote a la cancha (2003), El retorno de Don Quijote -premiado con el Bartolomé Hidalgo en 2005- y El hombre numerado. No elude ningún tema, por urticante que sea. Parece estar en paz con su pasado y feliz con su presente, aunque ambos impresionan muy distantes. Habla como un liberal y piensa como un revolucionario.

Juan de Marsilio, Suplemento El País Cultural (22/07/07)

EN LA FOTO de solapa se ve un hombre calvo, barbudo, canoso, de lentes. Con sonrisa anchísima. Y no es para menos: festeja su mayoría de edad como hombre libre, tras ser preso político de 1972 al 1985
(…). Estas crónicas de la vida de Estefanell en el Penal de Libertad están impregnadas, hasta las más duras, de esa alegría de la libertad. Sin tratar de pasar ex guerrillero por león vegetariano, trasmiten una honda paz. (…) el odio no se asoma al libro (despreciar la traición o la crueldad no es lo mismo que odiar). (…) Elige, con acierto, contar la vida en el penal y no la tortura. Lejos de contribuir al olvido de tal crimen, al mostrarlo al sesgo, por las consecuencias físicas y psíquicas en sus compañeros, a quienes mira con tierna y viril fraternidad, lo condena de modo lapidario. El autor cuenta sólo lo que vivió o presenció directamente, lo que le da al libro un tono de rigor y veracidad. La prosa de Estefanell es clara y amena, funcional a lo que refiere. La emoción está presente siempre, pero sin desborde y con no pocos toques de humor inteligente, sin acidez.
(…) Este nuevo libro, escrito por quien tantos ha leído, es un acto de fe en la vida, la libertad y la palabra.

Gustavo Laborde, Diario Plan B (5/04/07)

Marcelo Estefanell se hizo un lugar en las letras uruguayas con dos libros de inspiración quijotesca: el ensayo Don Quijote a la cancha y la novela El retorno de don Quijote, Caballero de los Galgos. Ahora, saca El hombre numerado, un libro de memorias en el que relata anécdotas de sus casi 13 años de reclusión en el Penal de Libertad, donde estuvo detenido como consecuencia de su militancia en el Movimiento de Liberación Nacional, cuando tenía 20 años.
Con tono humorístico y una calidad literaria sutil, Estefanell no se detiene en los horrores de su reclusión. Por el contrario, prefiere contar lo que aprendió de las palomas, compartir sus reflexiones sobre los 1.600 libros que leyó y el relato de algunas anécdotas sencillamente desopilantes. “¿Es congruente gritar a los cuatro vientos que mientras exista la memoria la soledad es sólo un hecho físico?”, se pregunta. La respuesta es este libro tan hermoso como sabio.

Miguel Arregui, Diario El Observador (16/06/07)

(…) Estefanell permaneció 13 años en prisión, donde construyó un mundo de fantasía que lo mantuvo vivo y cuerdo. (…) Aquellas fuertes vivencias carcelarias, tamizadas por el tiempo, que suele mitigar la intensidad de las penas y pulir las opiniones, son narradas ahora en El hombre numerado. “No era inocente ni mucho menos -escribió-. Tenía 21 años y mucho miedo”.
El texto tiene algunas virtudes: está correctamente escrito, es ágil, transmite dramatismo y sabe jugar con el humor. En la cárcel también hay un tiempo para reír pues, en esencia, el sistema militar y los presos practican asiduamente el humor involuntario.
Pero tal vez la principal novedad de El hombre numerado sea su tenaz negativa a caer en la autoindulgencia, esa que es tan común en estostiempos que corren. Estefanell no suele sentir lástima por sí mismo, aunque pueda sentirla ocasionalmente por algún compañero, no se regodea con sus acciones y desgracias, ni pide que la sociedad uruguaya se duela por él y corra a confortarlo y resarcirlo.
Su libro no es un permanente intento de autojustificación, como lo son tantos otros que se han publicado sobre el Uruguay dogmático y violento de las décadas de 1960 y 1970. Por el contrario, tiene cierta lejanía y sentido crítico. (…) Habla de muchas penalidades, pero también de pequeños oasis inesperados que le recordaban que la vida valía la pena. (…)

Laura Gandolfo, Semanario Búsqueda (29/03/07)

(…) La risa y la sorna aparecen muchas veces como válvulas de escape a la situación carcelaria. Y se describen las luchas ideológicas internas que eran otra forma de tolerarla.
Aunque el humor recorre el libro, hay espacio también para episodios dramáticos o tristes. Sin embargo las situaciones más dolorosas son transmitidas de manera indirecta y sin recurrir al golpe bajo, se alude a la tortura, por ejemplo, sin regodearse en su descripción: “Se hizo un silencio sólido y espeso, tan contundente como un hachazo, fuente a su vez de malos recuerdos porque cada vez que se llevaban a algún compañero nuevamente a la tortura, la cárcel parecía refugiarse en un mutismo pétreo, incómodo y tenso”. (…)

Ana Inés Larre Borges, Semanario Brecha (6/0407).

(…) En algún lugar de este libro se dice de la necesidad de activar estrategias de supervivencia como la de, por ejemplo, sostener ante las jerarquías del penal una mirada neutra que no incurra en desafíos peligrosos pero preserve la dignidad: “la mirada de los presos”, la llama el autor. También el relato tiene una estrategia análoga para, sin faltar a la verdad, ser capaz de mantener a raya la queja, lo ominoso, incluso la política. Si explícitamente se avisa desde el prólogo que la tortura está excluida, a cada paso, y en asuntos menos evidentes y más sutiles, hay una lúcida conciencia que va pautando infinitas elecciones que son textuales, pero también éticas y psicológicas. (…). Esas decisiones van construyendo una versión controlada que aspira a rescatar el valor de la vida. Y lo consigue.
Y así recupera la dignidad arrebatada. La crónica de lo vivido desmiente algo que no sólo fue designio de los represores sino convencimiento de todos: que los años de cárcel son vida perdida, años, los mejores años robados. Contra esa dolida resignación los testimonios de los presos han ido construyendo una mirada alternativa que revalora la experiencia carcelaria. (…) Estefanell rescata la más tangible capacidad de felicidad que pudo existir una vez y otra en condiciones que la harían impensable, cuando la locura o la desesperación acechan a cada paso.

Juan Miguel Petit; introducción en “Asuntos Pendientes”, Radio El Espectador (23/04/07).

(…) “El hombre numerado”, un libro que ya va en la tercera edición y que, antes de que empecemos esta charla, me animo a decir que es un libro totalmente singular, novedoso, que presenta una mirada muy diferente de lo que hasta ahora habíamos conocido de lo que era la vida cotidiana en esa cárcel de Libertad, porque justamente muestra eso. Muestra la vida cotidiana y cómo aún en ese horror, que está muy descripto a través de historias de vida, de situaciones, el título del libro, no habían nombres eran números los que estaban allí. Pero también muestra como surge a veces el humor, el amor, la amistad, la deslealtad y toda la relación humana que se puede dar en una vida cotidiana bajo un mismo techo, aún en esas condiciones extremas. (…)

Enrique Mrak, (fragmento de su alocución en la presentación de la obra, Conventuales, 15/03/07)

(…) Leer EL HOMBRE NUMERADO es una experiencia intransferible para cada persona que siga las 199 páginas que lo conforman. Porque no es un libro categorizable en “relato de preso político uruguayo”. Es algo distinto, que aún no se había hecho y que estaba esperando salir a la luz.
Marcelo no se queja, Marcelo no se pone en héroe ni en ejemplo, Marcelo aprendió muy bien de su maestro Cervantes que las cosas más importantes y trágicas pueden ser dichas con ironía y hasta con humor. Un humor inteligente que ya se percibía en sus obras anteriores: “Don Quijote a la cancha” y “El retorno de Don Quijote, Caballero de los Galgos” (…) Marcelo en EL HOMBRE NUMERADO habla desde el hombre de bien que es. Habla desde ese código inquebrantable de fidelidades a si mismo y a lo que el creyó o dejó de creer o se autocriticó con una honestidad que asombra. (…)

domingo, 3 de junio de 2007

Hugo Acevedo, La República

El hombre numerado

En la terrible soledad de las implacables cárceles de la dictadura que asoló a nuestro Uruguay, el supremo desafío de supervivencia era conservar la cordura, condición indispensable para fortalecer el espíritu y restaurar la esperanza de emerger de la pesadilla.

En "El hombre numerado", el escritor uruguayo Marcelo Estefanell reconstruye su angustiosa peripecia vital en los opresivos calabozos del gobierno autoritario.
Mediante este extenso ejercicio de memoria, el autor recrea su claustrofóbica experiencia de reclusión, a través de numerosos relatos independientes, que discurren entre el testimonio y la vivencia personal.
Pese a que se trata de una obra eminentemente autobiográfica, abundan los personajes reales que compartieron la prisión con el protagonista.
El escritor reconstruye sus trece años de historia de confinamiento, mediante elocuentes imágenes que retratan diversos aspectos de la vida cotidiana en el inmenso campo de concentración del penal de Libertad.
Contrariamente a lo que ha sido habitual en la literatura que exhuma los tiempos más oscuros de nuestro pasado reciente, Marcelo Estefanell apela al humor para exorcizar los fantasmas del drama de la soledad que muta en angustia.
Aunque "El hombre numerado" es sin dudas una obra personal e intimista, el retrato de la realidad transmite sensaciones que, por su indudable universalidad, pueden ser adecuadamente interpretadas por el lector.
En este caso, los presos políticos, que en su gran mayoría eran naturalmente guerrilleros, son habitantes de un mundo paralelo, aislado y descontextualizado de la realidad.
Aunque el pasado suele colonizar recurrentemente el presente, en estos relatos el afuera es siempre un territorio ajeno a la cotidianidad de los presos, que soportan estoicamente las infrahumanas condiciones de encierro.
Ese segundo piso reservado únicamente a los reclusos que no gozan del privilegio de compartir una celda con un compañero de lucha, se transforma – a la sazón- en una suerte de metáfora del purgatorio.
Todo transcurre detrás de esos grises muros e inmensas torretas, desde las cuales, soldados armados a guerra, custodian el espacio y las dependencias carcelarias.
Allí, un frío número de registro borra la identidad de los presos, transformados en una desolada y desoladora multitud devastada por el dolor físico y emocional de la tortura y la humillación.
Las testas rapadas a cero y los monocromáticos uniformes completan el cuadro desgarrante de la aparente pérdida de humanidad. Sin embargo, debajo de esa superficie de desesperanza, subyace la solidaridad y la utopía del ansiado retorno a la vida plena.
Los barrotes son inexpugnables fronteras aislantes, que sólo la imaginación originada en una inveterada fortaleza espiritual puede traspasar.
Si bien por momentos es presentado en su más contundente crudeza, el calvario encuentra su cauce de humanidad en la mirada frecuentemente irónica de un autor de fina sensibilidad literaria.
Aun cuando las narraciones evocan diversas vivencias del escritor y hasta pueden ser leídas sin un orden predeterminado, igualmente se aprecia una suerte de cronología vertebral que va marcando el rumbo cardinal de la obra.
Esa relativa temporalidad coadyuva a la interpretación de algunos acontecimientos históricos, que suceden más allá del mero espacio físico del penal.
Sin embargo, en todos los casos, lo primordial es siempre la percepción que aporta Marcelo Estefanell en torno a lo que realmente está sucediendo.
El termómetro literario del autor registra las diferentes temperaturas del interior de la cárcel, las cuales siempre coinciden con cruciales acontecimientos que sucedieron en ese gran teatro de conflictos que otrora fue nuestro Uruguay.
Narrada en primera persona, la experiencia de prisión de Marcelo Estefanell, que llegó al penal de Libertad cuando tenía apenas 21 años de edad, transcurre ante los ojos del lector como si fuera una cinta cinematográfica.
El escritor posee un afinado poder de descripción, que le permite reconstruir las situaciones y personajes que otorgan vida a esas historias reales.
A diferencia de otras obras precedentes del género testimonial, el narrador no se limita sólo a la evocación de sus compañeros de suplicio. También otorga un particular protagonismo a varios de los carceleros, mediante una mirada sardónicamente despiadada.
Abundan también naturalmente las situaciones humorísticas, como la confusión que originó el traslado del propio Estefanell a la ciudad de Libertad, donde un juez de paz le aguardaba para casarlo.
Todo se debió naturalmente a un mal entendido, ya que los soldados se equivocaron de preso. El error fue corregido a tiempo, por lo cual el protagonista regresó soltero a la soledad de su celda.
La comparecencia de Marcelo Estefanell frente al tribunal militar que emitió sentencia en torno a su caso, propone también algunas aristas cargadas de humor e ironía.
El discurso del recluso, que en esa oportunidad reafirmó su compromiso con la guerrilla en un tono bastante desenfadado y cargado de guiños literarios, provocó la furia y el desconcierto del inefable Federico Silva Ledesma. En esa oportunidad, el inquisidor uniformado afirmó que el acusado era "irrecuperable".
No menos gracioso resulta el episodio de la encuesta realizada por un colaborador al protagonista, durante el denominado "Año de la Orientalidad". Algunas de las respuestas, por lo insólitas e imaginativas, corroboran el agudo sentido del humor que por entonces ya cultivaba Marcelo Estefanell.
Sin embargo, lo primordial son siempre las vivencias que el autor compartió con otros compañeros de lucha y de calvario, muchos de los cuales fueron referentes del MLN.
Uno de los relatos sin dudas más conmovedores es el que refiere al líder histórico tupamaro Raúl Sendic, quien convalecía de la grave herida padecida durante su captura.
La evocación del encuentro entre Estefanell y el entrañable "Bebe" nos permite corroborar la indudable valentía y entereza física y espiritual del emblemático combatiente.
Hay obviamente abundantes referencias a otras figuras del Movimiento de Liberación Nacional que fueron alojados en el establecimiento carcelario militar, en todos los casos bajo estrictas medidas de seguridad.
Aunque sólo esporádicamente menciona las terribles torturas y apremios físicos a los cuales eran sometidos los presos políticos, Marcelo Estafanell no soslaya referencias explícitas a la pesadilla de la locura que se apropió de varios reclusos, que fueron emocionalmente aniquilados por los carceleros.
Mediante una mirada que abarca inusuales facetas del calvario, el narrador recuerda la repercusión de cruciales episodios que sucedieron durante la dictadura, como los asesinados de Soca, la toma de nueve dirigentes tupamaros como rehenes por parte del gobierno autoritario, el martirologio de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, el plebiscito de 1980, el voto en blanco en las elecciones internas de 1982, el multitudinario acto del 1º de mayo de 1983 e incluso la final del mundialito de fútbol en la cual la selección celeste derrotó a la de Brasil.
Obviamente, la evocación del momento de la liberación y el regreso a los seres queridos luego de la prolongada ausencia, comporta otro de los episodios más impactantes y conmovedores.
En este libro autobiográfico, Marcelo Estefanell reinventa la historia reciente desde una mirada muy personal, que apunta a reconstruir su experiencia de reclusión y las de otros 2.872 presos políticos que permanecieron privados de su libertad durante la dictadura.
Aunque no soslaya obviamente los momentos más crudos de esa pesadilla de encierro, tortura, crueldad y barbarie, el autor prefiere abordar facetas no tan frecuentadas en el discurso testimonial.
En ese contexto, abunda en la minuciosa descripción de numerosos personajes con los cuales compartió el calvario, en una suerte de relevamiento de psicologías individuales y comportamientos colectivos.
También analiza las diversas estrategias de supervivencia a las cuales debió apelar en reclusión, con el propósito de conservar la cordura y la esperanza de emerger del infierno del encierro y la violencia de los implacables carceleros.
Marcelo Estefanell ensaya una elocuente reflexión sobre los límites de la tolerancia física y emocional, la resistencia a la prepotencia, la barbarie del autoritarismo liberticida y el compromiso ético de los presos políticos que, aún en condiciones infrahumanas, se mantuvieron fieles a sus más acendradas convicciones ideológicas."El hombre numerado" es una mixtura entre el relato novelado y el ensayo, que aporta un nuevo y esclarecedor testimonio sobre los tiempos más oscuros de nuestra historia reciente.
(Edición de Aguilar)