(…) Estefanell permaneció 13 años en prisión, donde construyó un mundo de fantasía que lo mantuvo vivo y cuerdo. (…) Aquellas fuertes vivencias carcelarias, tamizadas por el tiempo, que suele mitigar la intensidad de las penas y pulir las opiniones, son narradas ahora en El hombre numerado. “No era inocente ni mucho menos -escribió-. Tenía 21 años y mucho miedo”.
El texto tiene algunas virtudes: está correctamente escrito, es ágil, transmite dramatismo y sabe jugar con el humor. En la cárcel también hay un tiempo para reír pues, en esencia, el sistema militar y los presos practican asiduamente el humor involuntario.
Pero tal vez la principal novedad de El hombre numerado sea su tenaz negativa a caer en la autoindulgencia, esa que es tan común en estostiempos que corren. Estefanell no suele sentir lástima por sí mismo, aunque pueda sentirla ocasionalmente por algún compañero, no se regodea con sus acciones y desgracias, ni pide que la sociedad uruguaya se duela por él y corra a confortarlo y resarcirlo.
Su libro no es un permanente intento de autojustificación, como lo son tantos otros que se han publicado sobre el Uruguay dogmático y violento de las décadas de 1960 y 1970. Por el contrario, tiene cierta lejanía y sentido crítico. (…) Habla de muchas penalidades, pero también de pequeños oasis inesperados que le recordaban que la vida valía la pena. (…)
lunes, 10 de septiembre de 2007
Laura Gandolfo, Semanario Búsqueda (29/03/07)
(…) La risa y la sorna aparecen muchas veces como válvulas de escape a la situación carcelaria. Y se describen las luchas ideológicas internas que eran otra forma de tolerarla.
Aunque el humor recorre el libro, hay espacio también para episodios dramáticos o tristes. Sin embargo las situaciones más dolorosas son transmitidas de manera indirecta y sin recurrir al golpe bajo, se alude a la tortura, por ejemplo, sin regodearse en su descripción: “Se hizo un silencio sólido y espeso, tan contundente como un hachazo, fuente a su vez de malos recuerdos porque cada vez que se llevaban a algún compañero nuevamente a la tortura, la cárcel parecía refugiarse en un mutismo pétreo, incómodo y tenso”. (…)
Aunque el humor recorre el libro, hay espacio también para episodios dramáticos o tristes. Sin embargo las situaciones más dolorosas son transmitidas de manera indirecta y sin recurrir al golpe bajo, se alude a la tortura, por ejemplo, sin regodearse en su descripción: “Se hizo un silencio sólido y espeso, tan contundente como un hachazo, fuente a su vez de malos recuerdos porque cada vez que se llevaban a algún compañero nuevamente a la tortura, la cárcel parecía refugiarse en un mutismo pétreo, incómodo y tenso”. (…)
Ana Inés Larre Borges, Semanario Brecha (6/0407).
(…) En algún lugar de este libro se dice de la necesidad de activar estrategias de supervivencia como la de, por ejemplo, sostener ante las jerarquías del penal una mirada neutra que no incurra en desafíos peligrosos pero preserve la dignidad: “la mirada de los presos”, la llama el autor. También el relato tiene una estrategia análoga para, sin faltar a la verdad, ser capaz de mantener a raya la queja, lo ominoso, incluso la política. Si explícitamente se avisa desde el prólogo que la tortura está excluida, a cada paso, y en asuntos menos evidentes y más sutiles, hay una lúcida conciencia que va pautando infinitas elecciones que son textuales, pero también éticas y psicológicas. (…). Esas decisiones van construyendo una versión controlada que aspira a rescatar el valor de la vida. Y lo consigue.
Y así recupera la dignidad arrebatada. La crónica de lo vivido desmiente algo que no sólo fue designio de los represores sino convencimiento de todos: que los años de cárcel son vida perdida, años, los mejores años robados. Contra esa dolida resignación los testimonios de los presos han ido construyendo una mirada alternativa que revalora la experiencia carcelaria. (…) Estefanell rescata la más tangible capacidad de felicidad que pudo existir una vez y otra en condiciones que la harían impensable, cuando la locura o la desesperación acechan a cada paso.
Y así recupera la dignidad arrebatada. La crónica de lo vivido desmiente algo que no sólo fue designio de los represores sino convencimiento de todos: que los años de cárcel son vida perdida, años, los mejores años robados. Contra esa dolida resignación los testimonios de los presos han ido construyendo una mirada alternativa que revalora la experiencia carcelaria. (…) Estefanell rescata la más tangible capacidad de felicidad que pudo existir una vez y otra en condiciones que la harían impensable, cuando la locura o la desesperación acechan a cada paso.
Juan Miguel Petit; introducción en “Asuntos Pendientes”, Radio El Espectador (23/04/07).
(…) “El hombre numerado”, un libro que ya va en la tercera edición y que, antes de que empecemos esta charla, me animo a decir que es un libro totalmente singular, novedoso, que presenta una mirada muy diferente de lo que hasta ahora habíamos conocido de lo que era la vida cotidiana en esa cárcel de Libertad, porque justamente muestra eso. Muestra la vida cotidiana y cómo aún en ese horror, que está muy descripto a través de historias de vida, de situaciones, el título del libro, no habían nombres eran números los que estaban allí. Pero también muestra como surge a veces el humor, el amor, la amistad, la deslealtad y toda la relación humana que se puede dar en una vida cotidiana bajo un mismo techo, aún en esas condiciones extremas. (…)
Enrique Mrak, (fragmento de su alocución en la presentación de la obra, Conventuales, 15/03/07)
(…) Leer EL HOMBRE NUMERADO es una experiencia intransferible para cada persona que siga las 199 páginas que lo conforman. Porque no es un libro categorizable en “relato de preso político uruguayo”. Es algo distinto, que aún no se había hecho y que estaba esperando salir a la luz.
Marcelo no se queja, Marcelo no se pone en héroe ni en ejemplo, Marcelo aprendió muy bien de su maestro Cervantes que las cosas más importantes y trágicas pueden ser dichas con ironía y hasta con humor. Un humor inteligente que ya se percibía en sus obras anteriores: “Don Quijote a la cancha” y “El retorno de Don Quijote, Caballero de los Galgos” (…) Marcelo en EL HOMBRE NUMERADO habla desde el hombre de bien que es. Habla desde ese código inquebrantable de fidelidades a si mismo y a lo que el creyó o dejó de creer o se autocriticó con una honestidad que asombra. (…)
Marcelo no se queja, Marcelo no se pone en héroe ni en ejemplo, Marcelo aprendió muy bien de su maestro Cervantes que las cosas más importantes y trágicas pueden ser dichas con ironía y hasta con humor. Un humor inteligente que ya se percibía en sus obras anteriores: “Don Quijote a la cancha” y “El retorno de Don Quijote, Caballero de los Galgos” (…) Marcelo en EL HOMBRE NUMERADO habla desde el hombre de bien que es. Habla desde ese código inquebrantable de fidelidades a si mismo y a lo que el creyó o dejó de creer o se autocriticó con una honestidad que asombra. (…)
Acerca de Marcelo Estefanell
Marcelo Estefanell nació en 1950 en Paysandú. Luego de tres años de estudios en Su mayor refugio durante esos años fue la lectura. Leyó unos 1.600 títulos. Su gran pasión fue, desde entonces, El ingenioso hidalgo Don Quijote de
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jueves, 30 de agosto de 2007
El hombre numerado
Marcelo Estefanell estuvo casi 13 años recluido en el Penal de Libertad. El relato de su memoria carcelaria en formato de crónicas independientes se convierte, gracias a su estilo ágil, desenfadado y certero, en un viaje donde la luz, la alegría y la esperanza están presentes aun en los momentos más terribles. En primera persona, su existencia reclusa y reglamentada transcurre frente al lector como si fuera una película. El humor, ese sabio recurso, fue y es una herramienta fundamental para que la memoria de esos años tan oscuros se convierta en un canto a la vida.
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